On Wind and Cloud

Según un antiguo proverbio "uno puede verse a sí mismo si se mira en aguas serenas".

Pero si las aguas permanecen estacionadas mucho tiempo, podemos caer en tentaciones narcisistas.

En medio de esta paradoja de quietud-movimiento, a través de la práctica uno comprende que aún en la turbulencia de nuestro ritmo de vida hay un espacio para la decantación del pensamiento. Y cuando los pensamientos reposan, cuando el agua adquiere transparencia, cuando todo parece conducir a un quietismo inactivo, nace la actividad de la contemplación pura, sin ideas preconcebidas, sin aspiraciones de logros, ni siquiera artísticos.

Entonces el haiku y la fotografía simplemente surgen.

El resultado, como el agua límpida, puede ser insípido, nada especial e incluso "sin contenido". Sin embargo acepté su carencia de sorpresa u originalidad porque íntimamente sentía que lo captado era el contenido mismo, sin la necesidad de una interpretación posterior.

En esos momentos sólo podía decir "¡Esto es!".

Y así como el agua se adapta sin resistencia a la forma del recipiente que la contiene, así como la nube es la forma visible del agua que el viento rodea, este conjunto de obras no pretende tener más forma que la del viento impermanente, ni más consistencia que una nube a su merced.

Como siempre, la tarea es estar alerta a la intensidad y dirección de ese viento que crea, moldea y disuelve, que desaparece para dar espacio al cielo vacío, el mismo viento que se encargará luego de agitar nuevamente las aguas.

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