La Escuela y el Tiempo

Cuando fotografío bosques, árboles, ramas u hojas, las horas transcurren a un ritmo diferente al usual. En esos momentos me envuelve la dimensión del mundo vegetal y su ciclo ralentizado, visto desde la perspectiva humana. Entonces podría decirse que soy un árbol, rama u hoja que se encuentra con sus pares compartiendo un lapso de duración indeterminada.

Mientras realizo las tomas y cuando luego elijo los negativos e imprimo las imágenes, siento que soy el destinatario de un tipo de enseñanza que asimilo con la misma receptividad que cuando concurría a la escuela, aunque con algunas particularidades: en esta etapa de mi vida comprendo que muchas de las lecciones aprendidas de tan simples y directas son inefables, que la fotografía es el mejor medio del que dispongo para registrarlas, y que de algún modo estoy retratando al Tiempo.

Incluido en la fotografía tanto en cuestiones técnicas como filosóficas, el Tiempo es una de esas asignaturas que sigo cursando, y aunque no tengo una tesis a la vista, veo en la vegetación aquellas metáforas visuales que podrían constituir algunas propiedades que le atribuimos al Tiempo: linealidad, repetición, expansión. Y también veo signos de un Tiempo interrumpido por causas ajenas al desarrollo natural, cuando el ser humano interviene limitando, segando, mutilando.

En sus señales más próximas, en los ritmos y los ciclos, desde su geometría caótica hasta su proporción armónica, desde los trazos y nudos que numeran su transcurrir y su declinación, cada bosque y cada brizna es un espejo de las texturas y los pliegues del Tiempo.

Separadas entre sí cronológica y espacialmente, estas imágenes son simplemente alícuotas de Lo Fotográfico, pequeñas distracciones o inadvertidos estados de atención que se le fueron presentando a este discípulo escolar poco aplicado, jugando en perpetuo recreo con el Tiempo, mientras la maestra Naturaleza intentaba enseñarle desde su silencio.

Roberto Fernández Ibáñez
2016




Nota:

La expresión que actualmente entendemos como “Escuela” tiene su origen en el idioma Griego: σχολή • ‎(skholḗ): Ocio; Tiempo libre.

El significado original de esta palabra luego derivó en lo que hoy conocemos y aceptamos.

Las fotografías aquí expuestas fueron creadas por un escolar, teniendo en cuenta la primera acepción del término.




Sobre las obras
Paradojas del Tiempo: en agosto de 2016 di por comenzado un portfolio que se inició hace más de treinta años atrás, sin proponérmelo, y que tendrá su fin sin que yo me entere (eso será cuando tome la última imagen con esta temática, que no necesariamente será la última fotografía que realice).

‘La Escuela y el Tiempo’ tiene un espíritu, una intención antojadiza: son tomas fotográficas analógicas donde cada obra es realizada en tiempo libre, o mejor dicho, un tiempo sin limitaciones que cronometren la duración de su impresión en el laboratorio, aula de mi aprendizaje. Pueden ser creadas en minutos o días, sin relojes ni calendarios que adviertan sobre posibles demoras o provoquen interrupciones en el flujo creativo.

La técnica elegida para el revelado implica un largo procedimiento químico de coloración gradual sobre papel fotográfico blanco y negro tradicional, proceso con el que de alguna forma represento el lento ciclo de brote, crecimiento y decadencia de las plantas.

Este escolar (aprendiz eterno) seguirá jugando con las variables de la dúctil materia fotográfica, intentando descubrir entre luz y sombra nuevas vías de fototropismos positivos.

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