Rara Avis

Todos las hemos visto volar, aunque sólo lo hacen por única vez, en una trayectoria vertical desde el árbol que les dio vida hacia la tierra donde se desintegrarán. Son las hojas y ramas en las que se apoyaron y cobijaron las aves durante sus estadías, peregrinajes y migraciones, o mientras sobrevivían cada día anunciando su territorio con un canto.

Es cierto: ramas y hojas vuelan un día, se posan en el suelo y allí quedan.

Hasta que una tarde, al deambular con una cámara, un grupo de ramas caídas remontó vuelo, no sólo ante mis ojos, sino ante mi mente.

Con el aspecto de un pájaro prehistórico, tosco e incompleto, aquella criatura imposible me miraba con su único ojo mientras movía levemente un ala de madera pulida por el viento. Eso se movió a ras del piso, y una nueva especie de seres cobró vida en mi mundo imaginario. A partir de ese momento comencé a agrupar pequeñas ramas partidas y desgastadas por el tiempo. Pieza tras pieza fui construyendo sus cuerpos, disponiendo de manera intuitiva y caprichosa ciertas estructuras aladas con picos y patas, sintiéndome un arqueólogo delirante, inventando una realidad que nunca existió.

Cada una de ellas, cada Rara Avis, intenta dar una segunda oportunidad de volar a esos elementos en vías de extinción.

Es cuanto puedo decir y hacer.

Ahora, estas aves compuestas de papel y plata mediante procesos fotográficos, se encuentran listas para un nuevo tipo de vuelo.

Pero ninguna de ellas tendrá una razón para vivir si no se las ve volando libres en el cielo de quien las contemple.

R.F.I - 2006

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